Llevaban varios días caminando rumbo al norte, era un grupo de 30, todos cargando sus restos en el sudoroso mecapal que les abrazaba la frente y les hacia caminar con la mirada baja, sin ver el horizonte, a paso lento, cauteloso de la selva y sus sorpresas; avanzaban despacio, tratando de oler la huella del otro, del enemigo siempre cercano. El monte verde, los frondosos árboles, sus gigantes hojas eran los silenciosos testigos del lento andar de este grupo de sobrevivientes, el verde los protegía y les daba lo necesario para continuar la ruta. Descansando a ratos, haciendo callar sus pasos, su respirar agitado, recogiendo las gotas de sudor que recorrían sin cesar sus frentes sabias, portadoras de historia y de esperanza. Este grupo y tantos otros en otros montes, huían buscando con desespero contenido la frontera, México y la paz que le habían robado en su tierra, Guatemala.
Darynel caminaba sin pensar en lo porqués ni para que de aquel largo peregrinar. Estaba acostumbrado a no hacer preguntas, después de todo si sus padres habían decidido una noche salir a andar en compañía de la comunidad, a pesar de que su madre acababa de parir su quinto hijo, pues una buena razón debían tener. El solo se preocupaba de cuidar el molino que cargaba en su mecapal, ya era suficiente preocupación... pero se sentía orgulloso de estar a cargo de tan digna prenda, era como si sus espaldas cargaran con el sustento de la familia, además cada noche cuando la luna los cobijaba con su secreta luz de plata, él y su hermana se daban a la tarea de moler el preciado maíz con que se prepararían las tortillas de cada día, aquel redondo cuerpo ancestral que les daría las fuerzas a él y a su familia para seguir andando, andando, cruzando selva, subiendo montes, haciendo frente al sol sudoroso y a los mosquitos nocturnos que afilaban sus dientes agudos para clavarlos en la carne cuando el sueño los rendía. Tenía una misión importante, ¡a sus 7 años era casi un hombre! . Sin embargo, no todo era orgullo y caminos, algo ensombrecía su mirada y la de los suyos... su madre no mejoraba, la huida la había encontrado débil, el nacimiento de su hermano se oponía a la hambrienta muerte que por aquel entonces andaba loca arrebatando vidas y dejando tras de si un manto de llanto e impotencia. La muerte no la dejaría escapar así de fácil, ya había decidido que alguna vida de su familia debía arrancar, sino pudo tomar el alma del recién nacido entonces arrebataría el aliento a la madre, pero no se iría con las manos vacías... Era la muerte, a ella nadie la vencía, mucho menos en esos días de odio y machete.
Su madre ya no comía, sus ojos eran oscuros y su voz era como hilito de luz que trata de colarse por entre la humeante cocina; así lo imaginaba Darynel, así le parecía su madre por aquellos días. Una mañana, justo después de que el grupo celebraba la dicha de haber burlado la muerte una vez más, habiendo escapado de una emboscada que les tendiera el ejército, su madre dejo destilar desde sus labios un hilito de voz que pedía, suplicaba, comer una hierba. Su padre y sus hermanos se miraron esperanzados, quizás esa hierba podría devolver a la mujer la fuerza que derrotaría a la muerte, había que encontrar esa esquiva mata, pero ¿dónde? Era una planta que no crecía por aquellos caminos, había que retroceder, recoger las huellas sembradas para ir en búsqueda del sitio exacto donde se erguía la "esperanza", justo al lado de los cafetales
El padre, hombre recio, de carácter callado, manos duras y mirada de azúcar, se acercó a su hombrecito de 7 años y le dijo "Vos patojo, ya sos grande, te toca echar a correr tus livianos pies y como el viento retroceder hasta los cafetales; esa hierba es nuestra esperanza. Vos no sabes lo que es crecer sin madre, yo si lo sé y no quiero eso pa' vos ni pa' tus hermanos. Vamos a demostrarle a la muerte que somos más fuertes que ella. Corré ligero y traé la planta, aquí te esperará tu familia"
Con sus desnudos pies, desafiando al viento, partió Darynel en apretada carrera, saltó matas, se colgó de los árboles que sonrientes seguían su ligero paso, lo ayudaban a avanzar de rama en rama,
de nube en nube, atentos sus ojos y oídos al animal militar en asecho, al siervo obediente del injusto gobierno asesino que perseguía a los suyos por tener sangre de "indio" y ser de cobre su
piel. Después de una osada carrera selvática, por fin diviso Darynel a aquella planta mágica que habría de saciar el hambre y sed de su madre, el hambre y sed de vida, entre ellos sólo se
interponían unos cuantos cafetales, sólo tenía que caminar unos cuantos pasos, respirar profundo y estirar sus dedos coronados por mordidas uñas para alcanzar la plantita, meterla a su bolsillo e
iniciar otra vez la marcha al encuentro de los suyos.
Despacito, como pidiendo permiso a la tierra, se acercó su andar de niño viejo hasta el diminuto cuerpo verde que danzaba con la brisa; su mano insegura acaricio sus frágiles hojas, la planta lanzó una carcajada sorprendida por la cosquilla que aquellos dedos le causaban. Darynel, asustado, se alejó de un brinco pensando que aquella risa salía de la boca de alguien más, de uno de los militares que perseguía el paso de su pueblo en huida. Se escondió tras un cafetal y su ojo de jaguar miró con atención y sigilo a su alrededor, su oído de coyote se erizo tratando de descifrar la voz de la tibia brisa que soplaba por entre sus negros cabellos... El silencio... nada... shhhhhhh... debía ser su imaginación, tanto correr y el poco comer le estaban causando alucinaciones, no debía dejarse vencer por la muerte y su manto de miedo, no debía temer.
Volvió a asomarse su mano por entre el cafetal, cerrando con seguridad y firmeza el cuerpo de la planta, sintiendo sus contornos y frescura tiro una vez para arrancarla de la tierra que la abrazaba mezquina.
"¿Por qué me quieres quitar la vida?", dijo la planta entre finos sollozos
Comprendió entonces de donde venía la risa..."Discúlpame, pero tengo que llevarte conmigo. ¡Es cuestión de vida o muerte!" y decidido volvió a jalarla por el cabello.
"¡No, No! si me arrancas te juro que nada conseguirás. Los hombres no lo saben, pero bien puedo negarme a entregar mi magia a quien me arranca sin permiso, sin mi consentimiento. Soy una planta, una hierba del monte, pero siento, miro y también castigo"
"No me castigues verde hierbita, no me castigues, no. Si te arranco no es por capricho, es para el bien de mi mamá, ella está muy enferma y sólo tú puedes dar consuelo a sus penas y aliento a su cansancio. ¡Ayúdame!"
La planta lo miró desconfiada. "No creo en lo que me dices, muchas veces te han visto mis hermanas arrancarlas sin el menor aviso, simplemente para lanzarlas entre el viento y la lluvia y ver como sus cuerpos se desgajan en brazos de la tormenta. No confío en ti, ni en los tuyos... más vale que me expliques, sino un castigo cruel mis hojas te darán"
En ese momento el viento comenzó a rugir grueso, como si transportara un costal de gatos salvajes en su panza, "Taka taka taka taaaaa", decía el viento en revolución. "Taka taka taaaaa ocúltate ya!", sopló una vez el viento, asustado Darynel brincó a los frondosos brazos del cafetal, que apenas lo sintió caer agacho sus ramas para ocultarlo mejor. La hierba, con grandes ojos miró hacia el cielo y allá, entre nube y sol, pudo ver un pájaro de metal que revoloteaba furioso dando gritos de rabia.
"Taka taka taaaa dónde estaaaaaaaaa?" decía el pájaro salvaje. "Taka taka taaaa te voy a mataaaar", amenazaba con una mirada de fuego y sangre.
Oculto entre el cuerpo cafetalero, Darynel pudo ver que en la panza del brillante pájaro se ocultaban unos diminutos hombres verdes... "¿Quiénes serán?, ¿por qué me siguen?. Sólo soy un niño, nada tengo para darles".
Cerrando los ojos recordó aquel día de mercado en que se quedó solo en casa en compañía de sus hermanos, sus padres habían salido al mercado y los habían dejado para cuidar el rancho. Aquel día, muy de mañana el pájaro también había asomado su pico mientras él jugaba entre la milpa con sus hermanos. El "taka taka taaaa" los había espantado y empujado a correr hacia el marchito rancho, que débil se mecía ante la fuerza de las alas de este pájaro gruñón que los amenazaba y vigilaba, como buscando su presa. El y sus hermanos se habían escondido bajo la cama y, protegido por las arañitas y sus poderosas telarañas, habían logrado hacerse invisibles a la mirada aguda del pájaro de la furia. Sus padres llegaron horas más tardes a la parcela y ahí los habían encontrado, los 4 hermanos estaban todavía abrazados y con grandes ojos les habían relatado a los mayores como las arañas y las cucarachas los habían ocultado de la mirada del malvado pájaro.
Sin embargo, esto era distinto, hoy estaba solo, no habían arañas ni cucarachas para ayudarlo, solo él, el cafetal y bueno... una hierba egoísta que ni siquiera se compadecía de su madre enferma. Solo él y el pájaro, él y el ave del mal son su "taka taka taaaaa"... estaba perdido, no quedaba más que cerrar los ojos y dejarse devorar. Pero, había algo en su alma de niño que lo empujaba a la vida, que le daba el valor que a sus 7 años le faltaba; sus manos, su boca, sus piernas, todo él le soplaban al oído que no podía dejarse vencer, que no era su hora, que no podía perecer ahí y, de paso, dejar que su madre pereciera por no llegar a degustar la magia esperanzadora de la hierba.
El cafetal, cómplice de su aventura, le susurró al oído una frase que lo hizo quebrar el miedo "Darynel, no tengas miedo, es sólo un pájaro de metal, no tiene corazón, no tiene alma, es un pájaro ciego que no conoce el calor del sol ni el abrazo plateado de las noches de luna; el pájaro sólo es poderoso en tu mente. Abre los ojos, míralo y mírate"
Haciendo lo que el cafetal le dijo, Darynel abrió sus negros
ojos y que sorpresa la suya al ver que sus manos ya no eran manos, eran grandes hojas, verdes y jugosas, su cuerpo todo era de un profundo verde y su corazón, abrigado también por hojas, era
amarillito, deslumbraba con su dorado resplandor, estaba lleno de granitos amarillos y brillantes. ¡Era cierto lo que le había dicho su abuelo, aquel viejito de cara arrugada, como arada por los
años y la experiencia, era verdad! El era un hombre de maíz, todo él era un hombre de maíz orgulloso y valiente que no temía a nadie ni a nada, era parte de un pueblo de maíz que había logrado
sobrevivir al paso del tiempo y de los hombres ciegos que no veían mas allá que su propio cuerpo.
Así, sin miedo ni rencor alguno Darynel, el niño de maíz, se dejo cimbrar por la brisa alegre que todo lo despeina, sonrió amplio al sol que lo miraba y, mostrando sus mejores dientes amarillitos, le dijo al pájaro, "Aquí estoy, éste soy, esto somos, no importa cuanto griten ni cuanto arrasen, somos de maíz nuestras semillas viajan entre viento y nubes, somos eternos"
El pájaro, que poco sabia del idioma de las plantas y menos de sus frescos bailes, no supo reconocer el canto de aquel maíz que de improviso había surgido entre un cafetal cómplice que sonreía orgullosos de su nuevo amigo y su valiente espíritu rebelde. Batió sus alas con más fervor que antes y partió en raudo vuelo estridente y amenazante.
La hierba, asombrada por este niño de maíz, lo miro con gracia y con una sonrisa le dijo "Puedes tomar mi cuerpo, puedes llevarme contigo y ofrecerme a tu madre. Ahora se que tú y yo somos lo mismo, que tú y yo somos parte de un todo, somos el mundo"
Darynel, feliz de contar con el consentimiento y comprensión de la frágil pero mágica hierba, la tomó con delicadeza por la cintura, la apretó con firmeza y dándole las gracias arrancó sus pies de la húmeda tierra ixcaneca que la dejaba partir entre bendiciones y buenos augurios.
El retorno al refugio fue distinto, el que regresaba no era un niño más, era un grano luminoso, parte de una mazorca gigante, fuerte y valiente que se llama pueblo maya y que, más allá de las armas y su mordisco sangriento, sobrevive digno y fuerte para seguir sembrando con su ejemplo de lucha y esperanza.
Gisel, desde la punta sur de nuestra estrella obrera
Octubre 2008
Nous voici donc de l'autre côté de
l'atlantique où, envers et contre tout, deux obreras se sont retrouvées afin de faire bouger les choses...
Bien que nous fêtons l'indépendance face
au primer mundo, nous allons recevoir deux volontaires qui en sont issues - toute personne prête à mettre su mano a la obra peut être une aide précieuse...
Toujours debout. Victoire. Malgré les adversités, les jeunes ont réussi à
maintenir le centre pendant ces trois mois. Mieux encore, ils se sont appropriés l'espace:
•
Somos mindalas... y nos hacemos responsables de nuestra esencia y de la semilla que
depositamos, estamos dispuestos a seguir abriendo senderos para que ingrese la esperanza y se cuele al bolsillo de los hombres y mujeres, nos hacemos responsables del despertar de la rabia de los
pueblos y del viento fuerte que ello genere y, siempre creyentes en el hombre y su capacidad transformadora, continuaremos haciendo el llamado a la unión de la fuerza creativa que duerme en cada
pueblo, en los del norte y del sur, que dóciles e idiotizados se dejan aplastar bajo el yugo del hábil sistema; no hay fronteras para esta construcción que tiene hambre de manos que le den forma,
sentido y futuro.
Pendant la semaine du 28 juillet au 3 août, les REBELDIA ont établi résidence à ERDEVEN,
chez la Grand-Mère de Métig, dans le Morbihan, afin de lancer leur projet MELIMELARTE avec le soutien de LA COMPANIA SOCIO TEATRAL LA OBRA. La semaine de création, en Breton et auto-gérée a
alterné les périodes d'écriture technique ou poétique, de création théâtrale et baignades maritimes ....et oui, nous sommes en Bretagne tout de même!